Fuimos peces y después fuimos dinosaurios. Fuimos monos, hombres, Planetas. Sangre, sexo, cielo. Libros que no leímo...

lunes, 26 de agosto de 2013

Error de casting






En mi historial de hazañas amorosas he tenido la oportunidad fantástica de conocer a seres únicos. Damas y caballeros, con ustedes, tres personajes entrañables:





Al primero se lo conoce bajo el eufemismo de "metro sexual". Dicen que todo lo que pidas se te dará, y tengan cuidado porque es verdad. Dios no entiende metáforas.  Todo lo toma  al pie de la letra.  Lo sé por experiencia. Una tarde que esperaba un taxi en medio de un atasco, pensé, vacilando conmigo misma: “¡Dios, si realmente existes, compruébalo enviándome un chico en moto”. Cinco minutos después, lo juro, llegó un chico en moto: deux es machina. El individuo paró en medio del tráfico y me invitó a subir, como en las películas cursis (  me encanta cuando mi vida se parece a una película cursi).


Dios había escuchado mi plegaria: Hombre era, moto tenía, eso sí, de su condición sexual no hablemos...
A medida que nuestra relación “progresaba” el señor demostró ciertas anomalías. Miraba con devoción una revista de modas cuando exclamó: “¡Qué guapo está el novio de la Estéfani Espín!”. Al escucharlo me quedé seca y, acto seguido, me culpé: ¡No seas prejuiciosa! ¿Qué los hombres no tienen libertad?, por favor, hay que ser open mind. Sin embargo, más tarde me confesó que tenía una planta de flores llamada "Michi". Se arreglaba más que yo, jamás se perdía Glee y se le iban los ojos cuando pasaba un muchacho bien puesto. Decidí no tapar el sol con un dedo y aceptar  que el sujeto se inclinaba más al duo "Adán y Esteban".
Que quede claro que no tengo ningún problema con los gays. El problema es el contrario: parece que me gustan demasiado.
¿Será que el pastor Zavala puede ayudarme? Ahora que lo pienso debe tener mucho tiempo libre.
La próxima vez que le pida un hombre a Dios, haré una aclaración: Dios, si de verdad existes, compruébalo enviándome un hombre HETEROSEXUAL en moto (la moto era bacán)




Cuando superé el trauma del invertido, tuve el gusto de conocer al Antropólogo. Este espécimen se caracteriza por su pinta de rockero que se quedó en los noventa: saco de Bill Cosby, jean desgastado, pelo largo recogido en una cola de caballo con un chunchi… Suele ser antropólogo que ha egresado y está “haciendo la tesis” ya 15 años. Pero hay que reconocer que es buen interlocutor. Bueno, por lo menos este no me hablaba de farándula ni malas combinaciones de ropa.  Podíamos pasar horas citando a Sartre y bebiendo vino. Vino que yo pagaba, claro. Porque cuando llegaba la cuenta, dicho individuo iba al baño o contaba monedas de un centavo que sacaba de una chauchera que daba vergüenza propia y ajena. Yo no quiero “igualdad”. Yo sí quiero que me presten el abrigo y que paguen la cuenta. Las feministas les malcriaron a los hombres. Valerse por sí misma debe servir, sobre todo, para conseguir que a una le inviten un grueso y jugoso filete.




Por último asomó el optimista. El joven me invitó un trago y empezó presentándose de manera alentadora: “Ya sé que no soy un hombre atractivo... Tampoco soy una lumbrera...” No sabía venderse. O no tenía la mínima intención de hacerlo. Tenía ganas de decirle “¡miénteme, por favor, al menos al menos miénteme!” Pero qué me iba a mentir. Si algo bueno tenía es que era sincero. Y eso era malo. “Soy un mediocre”, decía mientras me ensañaba las fotos de un negocio de cepillos de dientes que tenía y que, por supuesto, había quebrado. Estaba “depre” ya veinte años. Y pensaba que estaba gordo. Pasados dos tragos, el hombre adquirió la habilidad para envolverme en su oscuro universo. Empezó a hablar por dos: ·"Qué mal estamos, alguien debería martnos..." Dijo....  Luego de cogerme de Suso y descargar todos sus traumas al fin dijo: "¿Sabes? Es raro... Me siento liberado, me siento súper ligero" Claro que se sentía así. La que sentía mal era yo. Me había bajado la presión y quería salir corriendo a pedirle al guardia que me dé disparando....

(Diners)




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